domingo, 4 de agosto de 2013

Marshall Berman, Todo Lo Solido Se Desvanece En El Aire: La experiencia de la modernidad.



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"En las cinco partes que abarca el libro, Berman analiza la experiencia de la modernidad, esta “forma de experiencia vital –la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida- que comparten hoy los hombres y mujeres de todo el mundo de hoy”. El hecho fundamental de la vida moderna tal como la experimenta Marx (de quien toma la frase del título), es que esta es radicalmente contradictoria en su base: capaz de todo menos de proporcionar estabilidad y solidez. Lo distintivo de las voces de Marx y Nietzsche son sus cambios rápidos y drásticos, su disposición de volverse contra sí mismas, a cuestionar y negar todo lo que se ha dicho, a transformarse en una amplia gama de voces armónicas o disonantes y a estirarse, más allá de sus capacidades. A diferencia de ellos que creían que los individuos modernos tenían la capacidad para comprender su destino, y tras haberlo comprendido luchar contra él; los críticos de la modernidad del siglo XX carecen casi por completo de esa empatía y esa fe en los hombres y mujeres contemporáneos. El hombre moderno como sujeto –como ser vivo capaz de respuesta, juicio y acción en y sobre el mundo- ha desaparecido.

1. El fausto de Goethe: La tragedia del desarrollo

Berman analiza el Fausto de Goethe para dar cuenta de la idea de desarrollo moderno, en donde lo que se busca es un proceso dinámico que incluya todas las formas de la experiencia humana. Una afinidad entre el ideal cultural de autodesarrollo y el movimiento social real hacia el desarrollo económico: el único modo en el que el hombre se transforma es transformando radicalmente la totalidad de su mundo físico, social y moral en que vive. Esto sin embargo, supone el trasfondo correspondiente de la modernización: donde todo lo creado debe ser destruido para construir el camino de otras creaciones. Esta es la dialéctica que el hombre moderno debe asumir para avanzar y vivir; y es la dialéctica que pronto envolverá y moverá a la economía, el Estado y la sociedad modernos como un todo. En la tercera metamorfosis, el desarrollista encuentra el medio para actuar eficazmente contra el mundo feudal y patriarcal: construir un entorno social radicalmente nuevo que vaciará de contenido el viejo mundo antiguo o lo destruirá. La tragedia del desarrollista consiste en que aún cuando transforme un terreno baldío en un pujante espacio físico y social, el baldío se recrea al interior del desarrollista. Otro impulso de la modernización es el deseo de crear un entorno homogéneo, un espacio totalmente modernizado en el que el aspecto y el sentimiento del viejo mundo han desaparecido sin dejar huella. Pero, una vez que el desarrollista ha destruido el mundo premoderno, ha destruido toda su razón de estar en el mundo. El mismo es eliminado del entorno que ha creado y el nuevo mundo ya no siente deseo de acción o logro. Fausto así, es un desafío por imaginar y crear nuevos modos de modernidad en los que el hombre no exista en beneficio del desarrollo, sino el desarrollo en beneficio del hombre.

2. Todo lo sólido se desvanece en el aire: Marx, El modernismo y la modernización

El pensamiento moderno sobre la modernidad está divido en dos compartimentos diferentes: modernización en la economía y la política, y modernismo en el arte, la cultura y la sensibilidad. En medio de este dualismo, Marx está muy presente en la literatura sobre la modernización, pero no en la del modernismo. Para Berman sin embargo, Marx arroja luces en la relación entre la cultura modernista y la economía y la sociedad burguesas –el mundo de la modernización de la que ella emanó. Con vidas controladas por una clase dominante con intereses creados en el cambio, pero también en la crisis y el caos, para las que la estabilidad es sinónimo de muerte. En esta autodestrucción innovadora se ubica el drama del hombre moderno que debe apartar a los económicamente ineficientes y expandirse de manera cada vez más ingeniosa e innovadora conduciendo incluso a que los valores sean convertidos en valores de cambio. Para Berman, Marx sabía que debíamos comenzar donde estábamos: psíquicamente desnudos, despojados de toda aureola religiosa, estética, moral, y de todo velo sentimental, devueltos a nuestra voluntad y energía individual, obligados a explotar a los demás y a nosotros mismos a fin de sobrevivir, y a pesar de todo agrupados por las mismas fuerzas que nos separan.

3. Baudelaire: El modernismo en la calle

Según Baudelaire, “modernidad” es lo efímero, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es eterna e inmutable. Esta definición recoge las diferentes visiones de modernidad que la obra de Baudelaire contiene: entre la modernolatría y la desesperación cultural, Baudelaire finalmente llega a moldear una perspectiva más profunda que lucha con sus propias contradicciones. Su poesía, rescatará la nueva fuerza nacida de los bulevares que es el tráfico moderno. El bulevar es un símbolo perfecto de las contradicciones internas del capitalismo: la racionalidad de cada una de las unidades capitalistas individuales conduce a la irracionalidad anárquica del sistema social que reúne todas estas unidades. La vida urbana moderna impone restricciones pero al hacerlo otorga libertades. De este modo, un hombre que sabe moverse por el tráfico puede ir a cualquier parte. Aún así, el desarrollo de la ciudad atacó este caos y el urbanismo moderno se convirtió en sinónimo de un orden mecánico, reductivo y superficial. Para Berman, esto sugiere que el modernismo tiene sus propias contradicciones internas y su dialéctica; y que algunas formas del pensamiento y la visión modernistas se pueden volver dogmáticas y arcaicas, mientras que otras pueden quedar sumergidas por generaciones sin ser reemplazadas.

4. San Peterburgo: El modernismo del subdesarrollo

Mientras tanto en áreas fuera de occidente en donde a pesar de las presiones del mercado mundial no se produjo la modernización, los significados de la modernidad son complejos, y paradójicos. En este escenario, San Petersburgo es la realización más clara del modo ruso de modernización, al mismo tiempo que la “ciudad irreal” arquetípica del mundo moderno. Las tradiciones de esta ciudad son característicamente modernas y nacen de la existencia de la ciudad como símbolo de la modernidad en medio de una sociedad atrasada; pero este espíritu moderno es peculiar en tanto que surge del desequilibrio y la irrealidad del programa mismo de modernización de Pedro I. Así, en respuesta a intentos frustrados desde arriba, San Petersburgo engendrará y nutrirá, experimentos políticos y literarios de modernización desde abajo y terminará siendo una perspectiva abierta hacia la vida moderna.

En la selva de los símbolos: observaciones sobre el modernismo en Nueva York concebida y ejecutada tanto para satisfacer necesidades políticas y económicas inmediatas, como para demostrar al mundo entero lo que pueden construir los hombres modernos y cómo puede ser imaginada y vivida la vida moderna; New York puede ser concebida como una selva de símbolos baudelairiana. Berman analiza el impacto de la obra urbanística de Robert Moses, cuya evolución subraya como en la sociedad de posguerra se da una escisión entre modernismo y modernización, y donde el medio moderno deja de existir como inspiración forzando irónicamente un vuelco al mundo interior. Frente a esto Jane Jacobs será un cambio de orientación en la planificación urbana y comunitaria que abre una nueva perspectiva de las metamorfosis urbanas de las últimas décadas captando las modernizaciones y los modernismos que han hecho de sus habitantes lo que son.

CRITICA

Tal como lo señala el título, el trasfondo del texto lo constituye su exploración de este fluir entre lo sólido y lo evanescente como característica de la modernidad, y que Berman claramente ejemplifica en una destrucción y reconstrucción del medio físico y espiritual del hombre moderno: la relación dialéctica entre modernismo y modernización y las luces que de ella se puede extraer. Pero mucho antes de llegar a esa conclusión, el rasgo más doloroso que el hombre moderno deberá enfrentar es la constante inestabilidad que tal sistema proporciona. En cada señal positiva que aparezca, inevitablemente se develará su contraparte caótica. Si se puede decir que la modernidad une a toda la humanidad, esta unidad es paradójica, es una unidad de la desunidad que nos lleva a la desintegración y la renovación perpetua, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia.

Las críticas que esta obra despierta están relacionadas con lo que se identifica como un hablar disperso que al encarnar la voz de todos invisibilizaría las desigualdades existentes en estos procesos por él analizados. Junto a esto estaría la crítica a su retrato de la modernidad imprecisamente delimitada en sus tiempos. Así una autora, señalaba que siguiendo a Berman se podía entender que la modernización son los cambios sociales que son constantemente llevados a cabo, que la modernidad es la manera en que estos cambios son inmediatamente vividos o experimentados de manera consciente o no, y que el modernismo es la reflexión posterior y la representación intelectual, artística, literaria, material, política de estos cambios. Sin embargo a mi parecer, más que ubicarse como una serie de acontecimientos escalonados, en realidad la constante -clara en Berman- es que se alimentan entre ellos: el modernismo se alimenta de los cambios de la modernización de manera directa e indirecta, mientras que detrás de la modernización encontramos ideas que fueron nutridas por el modernismo.

No considero que Berman ignore las fallas del etnocentrismo y en consecuencia dudo que intente alzar su voz como representante del modo en que la modernidad puede ser experimentada. Aún así debo señalar que el profundo proceso de identificación que experimenté con este libro me dice que en realidad si puede encontrar un eco en aquellos lugares donde tanto la modernidad como la modernización ocurrió con matices muy distintos a los lugares que les dio origen."  [mi sociologia]

sábado, 27 de julio de 2013

Marcuse, Herbert. Un ensayo sobre la liberación. Editorial Joaquín Mortiz, México: 1969.

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 Marcuse, Herbert. Un ensayo sobre la liberación. Editorial Joaquín Mortiz, México: 1969.
Título original: An Essay on Liberation. Traducción de Juan García Ponce.

Un ensayo sobre la liberación es una crítica del estado del bienestar burocrático y su deriva represiva, además de un análisis de las características y los retos de la izquierda bajo el capitalismo tardío, que suministra una herramienta esencial para comprender las condiciones de una gran alianza alternativa a la situación actual.

viernes, 26 de julio de 2013

K. Marx & F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista (1848)


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Prólogo De Marx Y Engels A La Edición Alemana De 1872

"La Liga Comunista, una organización obrera internacional, que en las circunstancias de la época -huelga decirlo- sólo podía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en el congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un detallado programa teórico y práctico, destinado a la publicidad, que sirviese de programa del partido.  Así nació el Manifiesto, que se reproduce a continuación y cuyo original se remitió a Londres para ser impreso pocas semanas antes de estallar la revolución de febrero. Publicado primeramente en alemán, ha sido reeditado doce veces por los menos en ese idioma en Alemania, Inglaterra y Norteamérica.  La edición inglesa no vio la luz hasta 1850, y se publicó en el Red Republican de Londres, traducido por miss Elena Macfarlane, y en 1871 se editaron en Norteamérica no menos de tres traducciones distintas. La versión francesa apareció por vez primera en París poco antes de la insurrección de junio de 1848; últimamente ha vuelto a publicarse en Le Socialiste de Nueva York, y se prepara una nueva traducción.  La versión polaca apareció en Londres poco después de la primera edición alemana.  La traducción rusa vio la luz en Ginebra en el año sesenta y tantos. Al danés se tradujo a poco de publicarse.

 Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde se desarrolla ampliamente esta idea) . Huelga, asimismo, decir que la crítica de la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle, por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos enumerados.

Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico, que nosotros no nos creemos ya autorizados a modificar.  Tal vez una edición posterior aparezca precedida de una introducción que abarque el período que va desde 1847 hasta los tiempos actuales; la presente reimpresión nos ha sorprendido sin dejarnos tiempo para eso."


--Carlos Marx y Federico Engels. Londres, 24 de junio de 1872.